Alexandra, a través de Jesús encontré un Hogar eterno (1966-1999)

Alexandra Chankina“… Yo sé que, cuando mi vida terrenal termine, voy a estar en un lugar donde no hay dolor ni luto, y donde el Señor enjugará toda lágrima de nuestros ojos…”
Estas son las últimas palabras de la Judía Alexandra Chankina. El 17 de abril de 1999 su Padre celestial la llevó a casa. Tenía sólo 32 años de edad. Ella dejó el siguiente testimonio:

Cada película, todos los conciertos, cada café…

Nací en una familia Soviético-Judía normal. Yo no sabía nada acerca de la religión y tampoco tenía ninguna necesidad de eso en absoluto. Me encantaba ir al teatro o al cine. Inquieta como era, quería ver cada nuevo espectáculo, leer cada nueva revista, asistir a todos los conciertos, sentarme en cada cafetería de Kiev y visitar nuevas ciudades todo el tiempo.
Un día llegó a mis manos una revista en la que estaba impresa una parte del Evangelio. Eso era nuevo para mí, así que tenía que leerlo. Para mi sorpresa, me di cuenta de que esta vez, al contrario que con todo tipo de literaturas vacías que había leído, yo realmente creía lo que leía. Desde ese momento deseaba tener mi propia Biblia.

Mi propia Biblia

De parte de alguien que se enteró de mi deseo, recibí la dirección de una congregación Mesiánica en una república báltica. Allí pude solicitar una Biblia. No pasó mucho tiempo antes de recibir un paquete con la Biblia y un ejemplar de la revista “Shemá Israel”. Mediante la lectura de la Biblia, se despertó una vida de oración en mi corazón. Me sentía bien y estaba agradecida por todo lo que recibí del Señor. Sin embargo, tenía la vaga impresión de que Él había hecho mucho más por mí. ¿Quién podría ayudarme más allá? Me decidí a ir con alguien a la Iglesia Ortodoxa Rusa. Al cabo de unos meses, me di cuenta de que allí a la Biblia no se le hacía justicia.

Cómo puedo cambiar?

Afortunadamente me puse en contacto con creyentes que tomaban la Palabra de Dios en serio y vivían de acuerdo a eso. Yo estaba muy feliz con esto, pero cuando tomé su vida como un ejemplo, aquello me entristeció. Había tantas cosas en mí que no estaban en conformidad con la voluntad de Dios. ¿Cómo podría cambiar eso? Meses de vanos intentos finalmente me llevaron a la desesperación.
Pero entonces, ¡una noche se produjo el milagro! Empecé a darme cuenta de que Dios estaba ejerciendo su gracia en mí. Me arrepentí de todo lo que había hecho mal, y al mismo tiempo comprendí que debía pedir perdón a mucha gente, entre ellos a mi ex marido. Cuando le hablé de mi creencia y del pesar que yo tenía por todo lo que había hecho mal, su reacción fue completamente diferente a lo que yo esperaba. Yo estaba preparada para que él pensase que estaba loca. En cambio, sonrió. “También llegué a conocer al Señor Jesús y me uní a una iglesia Mesiánica”, fue su respuesta. ¡Qué milagro!

Sólo a través de Jesús

Entonces comencé a visitar la misma congregación. Allí, por primera vez me di cuenta de que el Señor Jesús ha pagado por todos mis pecados con su sangre preciosa. Antes, lo único que yo sabía era que todos mis pecados me llevarían directo al infierno. Ahora he vivido como una feliz hija de Dios. No es que mi vida sea ahora un lecho de rosas; pero aprendí que su presencia compensa en abundancia todos los problemas y dificultades que enfrentamos en nuestra vida.
Y sólo hay una manera de entrar en Su gloria en el futuro: creer que Jesús es el Mesías prometido de Israel, que nos ha comprado con su sangre que fue derramada sobre el altar del Gólgota.

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