Ernest creció en un orfanato Judío ortodoxo

Ernest LloydCuando tenía dos años de edad fui a dar a un orfanato judío muy ortodoxo. Cuando tenía 11 años ocurrió algo que dejaría una marca en el resto de mi vida. En mi camino de regreso de la escuela al orfanato, unos niños lanzaron piedras contra nosotros y gritaron: “¡Ustedes crucificaron a Jesús!”
Eso ocurrió con frecuencia. Pero una vez una señora nos llamó: “No huyan, quiero decirles algo…: Mi mejor amigo es un Judio!” “Pero usted no es Judía, ¿quién es entonces su gran amigo judío?”, reaccionamos con desconfianza. “Jesús”, respondió ella. “¿Jesús …?”, respondimos con disgusto: “¡Oh, pero nosotros no queremos tener nada que ver con él. ¡Somos Judios y seguiremos siendo Judios!” El director del orfanato lo había dejado muy claro: “Nunca hablen con nadie que hable acerca de Jesús.”

La Resistencia disminuyó

Con los años mantuve muchas conversaciones con un amigo que era cristiano y poco a poco las cosas se fueron aclarando para mí. La antipatía hacia el Evangelio desapareció y a la edad de 18 años llegué a creer en el Mesías. La reacción a esto fue: “Oh, él pronto abandonará eso”. Afortunadamente eso nunca sucedió. ¡Por el contrario! Yo, como Judio, había recibido el perdón y había encontrado una nueva vida a través del Mesías. Mi pueblo también debía saber esto.
Estudié tres años en la ‘Universidad de La Biblia de Todas las Naciones’. Pensaba que yo era el único Judío creyente en el mundo. Yo amaba a mis hermanos y hermanas en Cristo, pero ¿dónde estaban los míos? Entonces un hermano Judío anciano me llevó un sábado a una reunión donde conocí a no menos de 90 creyentes Judíos. Resultó ser una reunión de la ‘Alianza Internacional Hebreo Cristiana’.
Un día tuve que comparecer ante los directores de la misión: “Hemos estado orando por cerca de cinco años que el Señor nos envíe un creyente Judío que pueda explicar a las Iglesias el significado de Romanos 1:16 ‘Porque no me avergüenzo del Evangelio de Cristo, porque es el poder de Dios para salvación a todo aquel que cree, al Judío primeramente y también al griego’.” Me puse de rodillas y oré: “Señor, yo no quiero realmente esto, pero si es tu voluntad… aquí estoy.” (En ese momento, Ernest tenía 21 años. {Editor})
Poco después fui nombrado secretario de la misión. Después de la guerra decidimos trabajar como misión en Sudáfrica, donde alrededor de 110.000 Judios habían solicitado asilo, pero también en Australia, Canadá y Nueva Zelanda. Se me dio la dirección, lo que significaba que a veces permanecía fuera de casa durante meses.

Hasta su muerte, Ernest Lloyd no tenía más que un deseo: guiar a su pueblo al Mesías de Israel!

La asombrosa historia de la vida de Ernest Lloyd (1913-2010)