Henry Pokzrywa, “Tocado por el amor de Dios” (1904-2001)

Nací en una familia judía ortodoxa, en la ciudad de Lodz, Polonia. Mi padre murió cuando yo tenía cuatro años y, debido a que éramos muy pobres, tuvimos que ir a vivir con una tía. Mi madre debió trabajar duro para criarnos decentemente a mi hermana y a mí. Estudié en el Jéder, una estricta escuela judía ortodoxa. En nuestra casa, todo era kosher, y yo estaba muy apegado a nuestra forma de vida ortodoxa.

Desilusionado

Cuando yo tenía diez años, mi madre se volvió a casar y se mudó a otra aldea. Debido a mis estudios, yo me quedé con mi tía, quien continuó cuidando de mí. Durante las vacaciones de verano de 1914, yo estaba visitando a mi madre cuando la Primera Guerra Mundial estalló y yo terminé quedándome con ella. Sin embargo, una terrible epidemia de cólera arrebató la vida de mi madre, por lo que mi hermana y yo quedamos huérfanos. Yo soñaba con llegar a ser un rabino, pero la muerte de nuestra madre lo cambió todo. Mi abuelo me entregó como aprendiz a un sastre que trabajaba sin cubrirse la cabeza. Yo estaba tan sorprendido que quise irme de inmediato y acabé en un taller judío. La situación allí no era mucho mejor y, desilusionado, volví donde el sastre. Constantemente, entraba yo en conflicto con mi fe. Lentamente, me acostumbré y comencé a vivir como aquellos con los que trabajaba. Mi fe en Dios fue sofocada por las miserias de mi condición de huérfano.

Escapando de Polonia

En Polonia, el odio hacia los judíos era enorme, por lo que me negué a cumplir con mi servicio militar. Acompañado de un joven amigo, huimos y llegamos a la frontera alemana, temblando de miedo de que la policía fronteriza nos arrestara. Fue un milagro que pudiéramos cruzar la frontera sin ningún problema y, después de diez días, finalmente llegamos a Berlín. Sin embargo, al día siguiente de nuestra llegada, la policía vino a arrestar a un fugitivo que vivía en el mismo lugar, por lo que también fuimos arrestados y, finalmente, expulsados de Alemania. Después de muchas peregrinaciones, terminé en París.

La Legión extranjera

Por cuanto no tenía documentos de identificación válidos, tuve que resignarme a vivir la vida de un vagabundo. Durante mucho tiempo, dormí en el metro de París, y la situación se volvía cada vez más desesperante. Sabía que tenía un amigo en algún lugar de Francia y, sorprendentemente, un día lo vi. Él me llevó a su casa y me ayudó a encontrar un trabajo. Finalmente, las cosas parecían estar mejorando. Pero mi felicidad fue efímera, ya que la policía me atrapó nuevamente y me dio ocho días para salir de Francia. Yo me preguntaba ¿qué debería hacer? Fue en ese momento cuando tomé la decisión de unirme por cinco años a la Legión Extranjera, de manera de poder adquirir la nacionalidad francesa. Acabé en Argelia y me convertí en sastre de uniformes militares. Olvidé mi creencia y mis principios, y me enamoré de una chica española de ascendencia judía. Nos casamos y el Señor nos bendijo con una hija y un hijo.

Dos años fingiendo

En ese tiempo, mi suegra acostumbraba asistir a las reuniones evangelísticas del Sr. Bloch, un judío Mesiánico. Por cuanto yo también era judío, ella le pidió que me visitara. Sin embargo, debido a mis malas experiencias con los cristianos en Polonia, yo no confiaba en él. Siendo él un judío cristiano, tenía que ser un traidor. Yo siempre pensé que Cristo enseñaba a sus discípulos a odiar a los judíos, por esto, yo no podía creer que el Evangelio fuese para mí.
El Sr. Bloch era muy paciente y, cada vez que venía a nuestra ciudad a predicar, me visitaba y hablaba conmigo acerca de las profecías Mesiánicas. Un día, más para deshacerme de él que otra cosa, le dije: “Bueno, entonces, ¿qué quiere usted que yo haga al respecto?” Él respondió: “Acepta a Jesús como tu Salvador”. “Está bien”, le dije, “Lo acepto”. Para mi gran sorpresa, este buen hombre se arrodilló y dio gracias a Dios, y luego se lo dijo a todos. Esta simulación mía duró aproximadamente dos años.

Tocado por el amor

Un tiempo después, alguien me regaló una Biblia y un Nuevo Testamento en yídish. Decidí leerlo por la curiosidad de saber lo que Jesús realmente había dicho. Un día, el Sr. Bloch sugirió que debería ir con él a Suiza para una conferencia. Concordé alegremente, pues, viviendo en la calurosa Argelia, pensé que un cambio de temperatura me vendría bien.

Fue durante esta conferencia que el velo finalmente fue quitado de mis ojos y, claramente, pude ver que Jesús es nuestro Rey y Mesías, el Salvador del mundo. Los cristianos en la convención reflejaban esto en sus vidas, eran verdaderos testigos. Fue a través de ellos y de las exposiciones bíblicas que finalmente recibí a Jesús como mi Salvador y Señor. Mi corazón se desbordó de amor por mi Redentor celestial. Regresé a casa transformado en un hombre nuevo. Toda mi vida pasada, con sus pecados, había desaparecido, y una certeza absoluta llenó mi corazón: ¡Jesús es el Hijo de Dios, que murió en la cruz para salvarme de la perdición eterna! Una alegría dulce y pacífica se apoderó de mí. Las palabras me faltan para describir el sentimiento de felicidad por haber encontrado al Mesías, de quien hablaron Moisés y los profetas. Comprendí entonces que eran aquellos cristianos los que habían entrado en las bendiciones de Israel, y no yo quien había dejado de ser judío.

Confortado por el Señor

Al principio, no me atrevía a contarle a mi familia lo que me había sucedido, pero finalmente, les escribí una carta. Sin embargo, ellos nunca la recibieron, ya que al mismo tiempo estalló la Segunda Guerra Mundial. En esa detestable guerra, perdí a todos los miembros de mi familia en los campos de concentración. Esta experiencia me impactó profundamente, mas, en medio de toda aquella miseria, el Señor me consoló abriendo muchas puertas para compartir el Evangelio con los judíos de Marruecos, Francia y de toda Europa.

Lea más acerca de la vida de Henry Pokzrywa en:
Juif errant – juif herault: Recit autobiographique de Hillel Pokzrywa (Edición francesa) por Hillel Pokzrywa (1992)