Jack Sternberg, un médico Judío se encuentra con el gran Médico

Jack SternbergEl médico Judío Jack Sternberg es diplomático de la Junta Americana de Medicina Interna y está certificado en Oncología Médica. Ejerce en Little Rock, Arkansas.

Sólo porque éramos Judíos

Mis padres no eran “religiosos”. Mi padre no parecía creer en Dios y tenía poca paciencia para con las instituciones religiosas. Sin embargo, en las Fiestas más solemnes nos poníamos nuevos trajes y corbatas, nos calzábamos zapatos nuevos y caminábamos aproximadamente 1,5 km. hasta la sinagoga Conservadora de nuestra localidad. Sólo porque éramos Judíos.

Luchando con el sufrimiento

Cuando era adolescente, comencé a cuestionar la existencia de Dios. Decidí que lo que realmente quería era salvar vidas. Para mí, eso significa ser médico. Cuanto más veía, menos creía en Dios. La cuestión del sufrimiento, específicamente: ‘por qué cosas malas le suceden a gente buena’, me angustiaba.

Sensación de que algo faltaba

Después de graduarme de la Escuela de Medicina, completé mi internado, mi residencia y mi residencia principal en el Hospital Monte Sinai. También conocí y me casé con Marilyn Meckler. Marilyn, también Judía, era como yo: teníamos valores similares, pero no éramos religiosos. Nos mudamos a Houston, Texas, donde hice mi beca de oncología médica en el MD Anderson Cancer Center. Yo había visto bastante sufrimiento, pero al especializarme en cáncer, el sufrimiento era aún más intenso.

Vi una oportunidad para ejercer en forma particular, y la aproveché. Encontramos nuestra casa soñada, con una piscina en el patio trasero y dos coches nuevos en el garaje. Nuestro matrimonio era bueno y tuvimos dos hijos hermosos. Nuestra “exitosa historia” parecía completa. Aún así, sentíamos que algo faltaba, sin saber qué podría ser.

¿Quién eres Tú?

Después de tratar de buscar satisfacción en la vida nocturna, nos sentimos más vacíos que nunca, y decidimos “probar algo espiritual”. Decidimos volver a nuestras raíces Judías. Pero tampoco allí encontramos ‘eso’ que buscábamos.
Yo estaba a punto de tomar mi subespecialidad en Oncología Médica cuando sufrí de neuritis óptica. Perdí la mayor parte de la visión en mi ojo derecho de la noche a la mañana. Si la condición se extendía a mi ojo izquierdo, estaría ciego. Mi carrera de medicina habría terminado. Asustado y enojado como estaba, clamé a Dios (¿o era al aire?). Nunca me imaginé que Dios respondería mis airadas preguntas. No me di cuenta de que, en mi cólera, había pronunciado en realidad una oración: “¿Quién eres Tú?”

La vida y la salud se estabilizaron. No recuperé la visión en mi ojo derecho, pero mi ojo izquierdo se mantuvo sano. A medida que continué ejerciendo, varios pacientes trataron de hablarme acerca de Jesucristo. Yo simplemente les expliqué que yo era Judío y que los Judíos no creen en Jesús.

Amor por Jesús

Yo sabía cómo detener una conversación, pero no podía detener el amor que otros tenían por Jesús. Una vez traté a una mujer de poco más de treinta años que tenía cáncer de mama terminal, con un marido y un hijo pequeño, a los que pronto dejaría viudo y huérfano de madre. Sin embargo, ella parecía más preocupada por mi bienestar espiritual (que yo conociera a Jesucristo), que por el hecho de que se estaba muriendo. Ella confiaba en este Jesús. Dios había permitido que la enfermedad causara estragos en ella, pero ella todavía Lo amaba, Lo adoraba y Lo seguía. Eso me puso celoso.

Un sábado por la noche, nuestra hija Jennifer, de once años de edad, mencionó que su amiga Judía Allison había empezado a asistir a la iglesia con su familia. Yo conocía al padre de Allison, el Dr. Barg. Yo estaba indignado. Inmediatamente lo llamé para confrontarlo. ¿No entendía él que, como Judío, estaba obligado a resistir a los Cristianos? ¿No veía él que nosotros, los Judíos, no ganábamos nada con ir a las iglesias, donde seríamos absorbidos y asimilados? El Dr. Barg amablemente me dijo que había encontrado su identidad Judía y al Dios de Israel en esta iglesia. Dijo que, por primera vez, estaba verdaderamente orgulloso y emocionado de ser Judío. Yo estaba escandalizado, pero también intrigado. Decidí asistir a la iglesia con él al día siguiente.

Mi corazón fue tocado

El sermón fue acerca del Salmo 73, donde Asaf preguntaba a Dios por qué los justos sufren, mientras los malos prosperan. Mi corazón latía con fuerza. ¿Cómo sabía él que yo luchaba con esas mismas preguntas? Él dijo que Dios lo ve todo desde una perspectiva eterna, mientras que nosotros vemos todo desde un punto de vista inmediato y finito. Dijo que los que le creen a Dios y ponen su fe en él gozarán de Él por toda la eternidad. Entré en esa iglesia siendo un agnóstico/ateo/escéptico y salí de allí sabiendo que Dios es verdadero, bueno y digno de ser amado y adorado.

Era como si una luz se hubiera encendido. Yo sabía que Dios era exactamente lo que Marilyn y yo sentíamos que nos faltaba. Finalmente yo sabía las preguntas correctas y sólo podía esperar que las respuestas no condujeran a Jesús. Yo quería conocer a Dios y estaba decidido a seguirlo, sin importar dónde me llevara. Quería desesperadamente descubrir que el Dios que yo ahora buscaba, de alguna manera se podría encontrar en el Judaísmo tradicional.

Conversaciones acerca de Jesus

Después de esto, Marilyn y yo tuvimos varias conversaciones con los Bargs. La lógica y la base bíblica de la presentación del Dr. Barg nos asombraron. Tomamos un curso introductorio para poder entender de qué se trataba el Cristianismo. Todo parecía tener sentido, tanto sentido que visité a rabinos, con la esperanza de que ellos me pudieran mostrar las falacias acerca de Jesús. Cada esfuerzo que hicimos por oír algo que pudiera disuadirnos, parecía reforzar la creciente creencia de que Jesús era verdaderamente la respuesta.

Mi Mesías

Después de mucha lectura, oración y agitación interna, finalmente llegué a creer en Jesús como mi Mesías Judío. No fui capáz de articular en realidad mi decisión, hasta una visita con una paciente muy dulce, llamada Mildred. Mildred se estaba muriendo. Mientras yo hablaba con ella al examinarla, de repente me miró y dijo: “Dr. Sternberg, hay algo diferente en usted en el último mes. ¿Qué es?” Su simple observación me trajo cara a cara con el hecho de que Dios ya había empezado a cambiarme, y me encontré explicándole a Mildred que había llegado a creer en Jesucristo como mi Mesías, Señor y Salvador. Ella simplemente asintió con la cabeza y dijo: “Ya me lo imaginaba.”

Mi vida cambió

Mi relación con el Dios vivo ha cambiado mi vida. Me trae alegría, a pesar de las dolorosas realidades de la vida y la muerte. La fe no me anestesia ante el dolor y el sufrimiento que encuentro en el ejercicio de mi profesión, pero ahora puedo orar por mis pacientes, para que encuentren paz y descanso en Jesús. Incluso mis pacientes cristianos se han beneficiado, sabiendo que su médico cree como lo hacen ellos, y puede orar con ellos y por ellos. Jesús llenó el vacío que las posesiones, la posición y el poder nunca pudieron y nunca podrán llenar. Jesús era, es y siempre será la respuesta a nuestras necesidades y deseos más profundos. Él es también tu respuesta. Por favor, no rechaces la respuesta antes de que le formules a Dios la pregunta que Él está esperando escuchar.