Joseph Zalman encontró a su Salvador (1860-1924)

Pogromo

Joseph Zalman nació en Turquía en 1860, en el seno de una estricta familia Jasídica. Poco después de su nacimiento, su madre murió, por lo que fue criado por su abuela. Cuando tenía doce años, su padre volvió a casarse y la familia se trasladó a Odessa, en Rusia. Mientras estaban allí, los cosacos “cristianos” mataron a su hermano menor en un pogromo. Desde entonces, Joseph odiaba intensamente a los cristianos. Después de algún tiempo, la familia logró superar el duro golpe, e incluso prosperó un poco. Su padre se tornó conocido como constructor y arquitecto, mientras que Joseph siguió sus pasos y cooperó con él como arquitecto constructor.

Rumbo a los Estados Unidos

Joseph se casó en 1883, pero la joven pareja experimentó tiempos difíciles. Si bien había órdenes de construcción, el antisemitismo estaba aumentando. Además, el gobierno cargó a los judíos con impuestos extra altos, de modo que muchos comerciantes judíos se vieron obligados a emigrar. Joseph y su esposa planearon irse a los Estados Unidos. Así, con poco dinero en el bolsillo, se despidieron de sus padres y familiares.

El libro prohibido

Tomaron el tren para el largo viaje a través de Rusia, rumbo al oeste. En el mismo vagón, iba sentado un joven que estaba completamente absorto en un libro. El joven se comportaba misteriosamente, lo que despertó el interés de Joseph; quien, no pudiendo reprimir más su curiosidad, le dijo: “Muéstreme”. Para sorpresa suya, se trataba de un B’rit haChadashah, un libro prohibido para los judíos. El hombre viajaba a Londres, donde sería bautizado y ordenado predicador. Cuando el joven tuvo que cambiar de tren, le dio el B’rit haChadashah (Nuevo Testamento) a Joseph, quien comenzó a leerlo inmediatamente. Después de algún tiempo, su esposa se dio cuenta de qué clase de libro se trataba, y muy enojada, le dijo: “¡Qué! ¿Quieres ahora convertirte en un apóstata también?” Le arrebató el libro de la mano, y lo arrojó por la ventana.

En Ámsterdam

Joseph y su esposa continuaron su viaje hacia Holanda y llegaron a Ámsterdam. Un domingo por la mañana, caminaba él por la ciudad cuando escuchó música. Pensó que provenía de una tienda de té, de las que hay muchas en Rusia. Abrió la puerta y, al hacerlo, inmediatamente se percató de su error. Vio a alguien en el púlpito, que parecía un judío. Sin embargo, no era una sinagoga, porque las mujeres y los hombres se sentaban juntos. No había orquesta, sino un órgano. Tampoco era una iglesia, porque no veía iconos o imágenes de santos. Cuando quiso irse, un hombre le mostró un asiento. Desconcertado, miró alrededor y escuchó el extraño idioma del predicador. De repente, oyó el Nombre de Yeshúa. Indignado y lleno de odio, escupió en el suelo, ya que ahora sabía que se encontraba en una reunión cristiana. Sin embargo, todo aquello le fascinó enormemente, y después del servicio, fue llevado al reverendo Adler, un predicador de Londres. El hombre le habló amigablemente y ganó su simpatía. Su compasión hizo que Joseph le hablara de todas sus preocupaciones.

Intrigado por la Palabra

El barco rumbo a los Estados Unidos partió finalmente sin ellos, porque Joseph se interesó en la Palabra de Di-s. El reverendo Adler proporcionó inicialmente para sus costos de vida y, más tarde, encontró un trabajo regular para Joseph. Esto les permitió continuar el estudio de las Escrituras, tanto el T-n-j como el B’rit haChadashah. El estudio les condujo a la convicción de que lo que el predicador decía era verdad. Esto finalmente les llevó a una entrega total al Mesías. Después de que, en el día de la Ascensión, la pareja fue bautizada, la comunidad judía se enfureció. Zalman sobrevivió a una avalancha de preguntas del consejo Judío y rechazó la oferta de una gran suma de dinero. Posteriormente, fue atacado físicamente y maltratado. Finalmente, convencieron a su esposa de que su convicción religiosa estaba equivocada y, bajo presión, ella lo dejó.

Su propio Salvador

Joseph, entonces, partió en un barco rumbo a Java, en la esperanza de encontrar trabajo allí. La lucha diaria para ganarse la vida le pesaba mucho. Sin embargo, cuando una epidemia de cólera estalló a bordo, el miedo se apoderó de él. ¿Estaba preparado para encontrarse con Di-s? Nunca antes había estado tan profundamente consciente de sus pecados. Entonces, llegó el momento más decisivo de su vida. El Espíritu de Di-s le reveló que el Mesías no sólo es el prometido a los padres, sino también, su propio Salvador. En la parte más profunda de la barca, entre los carbones, Joseph fue lleno de alegría y gritó: “¿S-ñor, qué quieres que yo haga?”

Mesías Judío

Joseph regresó a Holanda. El reverendo Adler le pidió que trabajara con él, como su asistente, en el creciente trabajo misionero. Así, el 1 de diciembre, Joseph Zalman comenzó a trabajar en la Sociedad de Londres. Día tras día, recorrió las ciudades y pueblos de Holanda y Bélgica. En 1901, abrió la casa Elim, en Rotterdam, donde muchos judíos inmigrantes encontraron refugio. Allí, ellos recibían comida, ropa y atención médica, y Joseph abrió fábricas para proporcionarles trabajo. Sobre todo, les proveyó alimento espiritual y un lugar para estudiar las Escrituras. Joseph trabajó con la plena convicción de que Dios no ha rechazado a su pueblo, a quien conoció de antemano (ver Romanos 11:2).