Moran Rosenblit, encontré al Mesías de Israel en los Estados Unidos

Moran RosenblitNací en Israel y crecí en un kibutz (una granja colectiva en el moderno Israel). Cuando era niño, estaba de algún modo consciente de la existencia de Dios, pero vivía un estilo de vida completamente secular y apartado de Dios. A la edad de 13 años, hice mi Bar Mitzvah por respeto a mis abuelos, que eran Judíos Conservadores. Aproximadamente a la misma edad, me volví un disc-jockey en discotecas y, desde entonces, llevé una vida de borracheras y fiestas.

Fuerza de Defensa Israelí

A los 19 años, me uní a las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI), como se requiere de todos los jóvenes Israelíes. En enero de 1995, me mudé a una nueva unidad. Durante el mismo mes, sucedió un evento que cambió mi vida para siempre. En una mañana de domingo, escuchamos la noticia de un ataque suicida, que tuvo lugar en mi vieja unidad. Fue un día de gran incertidumbre y miedo de lo peor – la pérdida de las vidas de mis amigos. Veintidós soldados, varios de los cuales eran amigos míos, y un civil fueron asesinados en ese horrible acontecimiento. Ese incidente no sólo me alejó aún más de Dios, sino que también me provocó mucha ira contra el pueblo árabe.

Estados Unidos de América

En 1997 salí de Israel, pues no podía soportar la realidad de más amigos muriendo, y de la gente en general que estaban siendo asesinados a diestra y siniestra. A través de varias circunstancias, me encontré en los Estados Unidos de América.

Una familia que yo conocía me invitó a su iglesia. Cuando llegué a esta iglesia, me sorprendí al descubrir el amor que esta gente tenía para Israel y el pueblo Judío. El amor y la música maravillosa que tenían en su servicio me provocaron el deseo de volver otra vez. En uno de los servicios, el pastor hizo la siguiente declaración: “Con el fin de conocer a Dios de una manera personal, es necesario tener fe en Jesús.” Él estaba enseñando desde la Epístola a los Hebreos, y dijo que mi pueblo, el pueblo Judío, aunque veneran a Dios, no lo conocen personalmente. Aunque yo era un Judío secular, esta afirmación me enfureció. ¡Pensé que estaba dando un mensaje antisemita! Fui a desafiar al pastor acerca de su mensaje y, en respuesta, el pastor me desafió a ir a leer la Palabra de Dios, y luego venir a hablar con él. Al llegar a casa, me encontré con el libro “¿Por qué yo?”, de Jacob Damkani. Al abrirlo, vi comparaciones entre el Tanaj y las Escrituras del Nuevo Testamento que capturaron mi atención. Al leer el libro, todo mi cuerpo se estremeció y se me puso “la piel de gallina”; la Palabra de Dios cobró vida para mí por primera vez, y yo ya no tenía duda de que Dios existe y que Yeshúa es el único camino.

Quién es Yeshúa?

Aún así, como Judío, yo pensaba que Yeshúa, a quien veía como “Jesús”, era sólo para los cristianos; también temía el rechazo de mi familia y amigos. Yo no quería hacer daño a mis padres, a quienes amo profundamente. Le pedí a Dios que me mostrara su poder en mi vida y que me diera la seguridad de su existencia.

Desde entonces, el Señor me ha mostrado fielmente su poder y su fuerza. Uno de los mayores milagros fue un cambio en la actitud de mi corazón hacia los pueblos árabes, a los que odiaba. Fui invitado a compartir la historia de mi vida en una conferencia con discípulos Judíos y Árabes de Yeshúa, el Mesías. Vine a esta conferencia con un peso en el corazón, pues yo veía a todos los pueblos árabes de la misma manera. No me importaba si eran o no cristianos o musulmanes – todavía eran árabes. Cuando terminé de compartir mi historia, un hombre palestino se me acercó y se presentó como Taysir Abu Saada, un ex miembro de la OLP. Como yo di un paso atrás, él me dijo que me amaba; ¡yo estaba en choque! Un minuto después, me encontraba hombro con hombro con un ex-enemigo, orando con lágrimas por la paz de nuestro pueblo en el Medio Oriente. Taysir estaba compartiendo su historia en la misma sesión, y cuando terminó, me llamó al escenario y me pidió perdón, en nombre de su pueblo, por la muerte de mis amigos. También le pedí perdón, por la ira, el odio, la desconfianza, y por no ser capaz de perdonar al pueblo árabe. Sólo un Dios verdadero y misericordioso puede realizar un milagro así. ¡A Dios sea la gloria!