Rose Price, ‘Ese Judío murió por ti’

Rose Price es una de los pocos de su familia que sobrevivieron al infierno de los campos de concentración de la Segunda Guerra Mundial. Cada vez que la golpeaban, los guardias le decían: “Jesús nos dijo que te golpeáramos. ¡Jesús te odia!” Esto la llevó a la conclusión de que era Jesús quien asesinó a su familia, pero cuando empezó a estudiar la Biblia para averiguar quién es Él, ella descubrió lo contrario. Jesús precisamente murió por ella.

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Historias de sobrevivientes La vida en los campos de concentración… ¿Cómo describirías un infierno? Bueno, teníamos que trabajar de sol a sol. Debíamos levantarnos cuando aún era de noche. Primero teníamos que ser contados. Nos teníamos que formar en muchas filas de a cinco personas. Mi madre y el resto de la familia fueron asesinados en Treblinka (en Polonia). Estuve en 3 campos de concentración en Polonia y 3, en Alemania. Nos golpeaban constantemente. “¡Todo es culpa de Jesús!” Cada vez que éramos golpeados, los guardias nos decían: “Jesús nos dijo que te golpeáramos. ¡Jesús te odia!” De niña, fui enseñada que Dios lo es todo. Era Dios en la mañana, Dios al mediodía y Dios en la noche. Un día, miré a mi alrededor, en 1941 o ’42, y dije: “No hay Dios. ¡Mi madre me mintió!” ¿Cómo fue salir de los campos de concentración? Al principio no lo creíamos. Y después, a alguien se le ocurrió la idea de desquitarnos. Esa persona no tuvo que repetirlo. Yo sabía lo que quería hacer: Quería matar a Jesús. Así que, ¿dónde vive Jesús? En una iglesia. Entonces, ¿qué haces con una iglesia? La quemas. Si quemas la iglesia, Jesús ya no puede vivir allí, Él está muerto. ¡Teníamos tanto odio! Y cuando volvimos al grupo, nos reunimos. Tomé la mano de mi hermana y le dije: “Es hora de volver a casa.” Después de un tiempo, mi hermana se había casado y emigrado a Israel, y yo iba a seguirla. Y luego, por algunas circunstancias, acabé en América. Y poco después de que llegué, conocí a mi marido y nos casamos. Fui bendecida con hijos y sucedieron muchas cosas. Y un día, mi hija mayor llega a casa y me dice: “¡Mamá, mamá, mamá, creo en Jesucristo! ¡Él es el Mesías judío!” Yo no pude… ¡simplemente no pude soportarlo! El mismo Jesús que mató a mi familia, que me puso en un campo de concentración; en nombre del cual experimentaron, golpearon y mataron. ¡¿Cómo puedes creer en eso?! ¡¿Cómo puedes creer en un Dios?! Expulsé de casa a mi hija por creer en Él, y luego envié a mi esposo a esa casa y él también se convirtió en un creyente. Él nunca quería ir a la sinagoga conmigo, aunque yo tenía los mejores asientos. ¡Pero allá, él creyó! La nuestra solía ser una casa amorosa y pacífica, entra Jesús y hay una guerra. Yo dije: “Voy a darles una lección. Voy a encontrar al asesino Jesús.” Bajé al sótano y me encerré allí. Miré en mi Biblia. Pero yo sabía que en mi Biblia, la que el rabino me dio, no iba a encontrar a Jesús. Así que la puse a un lado y tomé la Biblia de mi hija y me puse a leerla y leerla y leerla, y empecé de nuevo a leerla, porque sabía que lo debía haber pasado por alto. Estuve cerca de cuatro o cinco días en ese sótano. No hice el trabajo doméstico, no cociné, no limpié; no permití que nadie se me acercase. Me comporté como un tirano. En ese momento, yo realmente actué como un tirano. Después de leerla por tantos días, simplemente no pude encontrar más excusas. Me di cuenta de que Él es el Cordero, no el león. Y… Él no me mató. Él no me puso en un campo de concentración. Él no mató a mi familia. Él murió por mí. ¿Sabías eso? ¡Él murió por mí! Él me amó tanto así, que se entregó por mí. Yo no me convertí, soy judía, como ves. Encontré al Dios de Israel y, para Su gloria, yo Le sirvo. Toma tu propia Biblia. Hay 328 profecías desde Génesis a Malaquías. En las Escrituras Hebreas es desde Génesis hasta Crónicas. ¡Hay tantas profecías acerca de la venida del siervo sufriente! Léelas. Sólo léelas y llega a tu propia conclusión de acerca de Quién estoy yo hablando. Historias de sobrevivientes